Hay algo divino a la hora de admirar un cuadro. Siempre es a vista de pájaro, como lo haría un Dios con su creación. Lo único que hacemos en la galería es ponértelo más cómodo colgado en una pared. Nada cambia. Sigue siendo esa mirada perpendicular de arriba abajo, que ofrece una óptica diferente al punto de vista frontal y desde la que habitualmente armamos nuestro relato visual.

Así, cuando desde una distancia corta examinamos una línea trazada llena de confianza sobre un lienzo, desconocemos si esta divide o invita a avanzar. Es más, ignoramos hacia dónde prospera, si es que prospera, y qué parte nos muestra del pasado de la obra, o del artista, o cuánto se aventura en lo que ocurrirá.
Detalles casi sagrados, que te regalan las piezas de calidad.

Por Joaquín Zapata.

There is something divine about admiring a painting. It is always from a bird’s eye view, as a God would do with his creation. The only thing we do in the gallery is to make it more comfortable hanging on a wall. Nothing changes. It is still that perpendicular, top-down view, which offers a different optic to the frontal point of view and from which we usually assemble our visual narrative.

Thus, when from a short distance we examine a line drawn confidently on a canvas, we do not know whether it divides or invites us to move forward. What’s more, we ignore where it thrives, if it thrives, and how much of the work’s past, or the artist’s, or how much it ventures into what will happen.
Almost sacred details, which give you the gift of quality pieces.

By Joaquín Zapata.

El jardín de Ajmer.
Mixed technique on canvas.
107x117cm
Luis Maraver.
Neutro Art Templo. Project #0.